Entre la desilusión y el anhelo

Cuando uno abre su corazón corre el riesgo de salir herido. Pues sí… la vida es así… y hay sucesos que entrañan sus riesgos. Abrirse conlleva estos hechos, pero, cada vez que se te rompe el corazón, el mismo corazón revela un núcleo de amor irrompible.
Cuando uno consigue dejar que el silencio inunde su persona, cuando consigue dejar de imaginarse el futuro, de crear estrategias, cuando uno se reconoce mantenido por su fuerte, entonces, uno descubre que, al abrir el corazón, cualquier cosa por la que estuviera luchando, ya está ahí. Se descubre que el miedo, el “coco”, el “hombre del saco”, no existen.
Quizás sea momento de descubrir que nunca uno conseguirá lo que anhela buscando “ahí fuera”. Quizás uno no sepa ni por donde comenzar… Quizás sea bueno moverse entre la desilusión y el anhelo, pues quizás una cosa conduzca a la otra.

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