el clavel

Pedro el jardinero cultiva unos magníficos claveles. Su color y su perfume son exquisitos.
Cierto día un caballero visita el jardín. Le acompaña su esposa.
Examinan atentamente los claveles.
– Los colores de estas flores, dice el caballero, no tienen nada de particular. Pero su aroma es algo extraordinario; es tan fino que apenas encuentro palabras para describirlo.
– No lo creas, replica su esposa; estas flores carecen de perfume, y es una verdadera pena lástima, con los colores tan bellos que tienen.
El jardinero, contrariado, no sabe cómo explicarse lo que oye para conciliar tan distintos pareceres. 
Pero al fin se percata de que el marido es corto de vista y se entera de que la señora ha perdido el sentido del olfato.
Y dice para sus adentros:
– ¡Cuántas veces ocurre en la vida lo que ha sucedido con mis claveles! Cuántos hombres menosprecian con sus erróneos juicios cosas santas y respetables, porque su vista es demasiado débil y su olfato demasiado gastado para comprenderlas y sentirlas en toda su perfección.

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